El sector de las instalaciones eléctricas de baja tensión atraviesa un momento clave en España, impulsado por el crecimiento de la electrificación, la transición energética y el auge de las energías renovables en entornos residenciales e industriales.
Según fuentes del sector, la demanda de instalaciones de baja tensión —aquellas que operan hasta 1.000 voltios en corriente alterna— ha experimentado un incremento significativo en los últimos años. Este crecimiento está estrechamente vinculado a la expansión del autoconsumo fotovoltaico, la instalación de puntos de recarga para vehículos eléctricos y la modernización de infraestructuras eléctricas en viviendas y edificios.
Expertos destacan que las instalaciones de baja tensión son fundamentales para garantizar la seguridad y eficiencia del suministro eléctrico en el día a día. Desde el cableado de una vivienda hasta los sistemas eléctricos de comercios e industrias, estas instalaciones requieren un diseño adecuado, cumplimiento normativo y mantenimiento periódico.